Suplemento Ojarasca

Suplemento Ojarasca Suplemento de asuntos indígenas de La Jornada

¿SOY UN INDÍGENA? Andrés Hernández Juárez.Nací en una comunidad rodeada de cerros verdes. Tal vez ser indio estaba desti...
10/01/2026

¿SOY UN INDÍGENA? Andrés Hernández Juárez.
Nací en una comunidad rodeada de cerros verdes. Tal vez ser indio estaba destinado para mí. Meses antes de mi nacimiento, mi abuelo soñó con un gavilán y anunció que yo sería varón. Así ocurrió lo predicho. Aunque hoy las parteras estén prohibidas, tuve la fortuna de ser recibido por Asenciona Esteban, a quien yo llamaba abuela. Tal vez eso me hace indígena. Crecí en una familia sencilla, sin las tentaciones del mundo exterior, pues mis padres no tenían recursos para distraer nuestros pensamientos. La lengua suele transmitirse por la madre, pero en mi caso fue mi padre quien me inspiró a imaginar en totonaco. Él trabajaba la tierra sembrando maíz, frijol, calabaza, chile, jitomate y más.

Es un hombre poseedor de una tradición oral inmensa: cuentos, mitos, leyendas y saberes de la tierra, tal vez ser su hijo me hace indígena. En Aqpuucho’qo’ (nombre de mi pueblo, que significa “Sobre el río”) la cultura y la lengua estaban presentes en cada vereda, la discriminación era extraña: se insultaba no a quienes hablaban totonaco, sino a quienes no lo hacían. Los niños sabíamos el valor de nuestra lengua.

Allí, la piel morena era necesaria para resistir los latigazos del sol mientras se limpiaba la milpa. Cada casa tenía su sabia, generalmente la abuela, guardiana de los conocimientos más ocultos y poderosos.

Me criaron padres de tez morena que hablaban totonaco y que constantemente me recordaban el poder de mis ancestros. Desde niño hasta la adolescencia decidí aprender a escribir formalmente en mi lengua. Tal vez todo eso me hace indio, indígena, o cualquier palabra que los estudiosos inventen para denominar a la población “segregada”. Yo siempre me he burlado de esas etiquetas, porque no suponen algo malo para mis creencias. Si ser indígena significa hablar mi lengua, tener la piel morena, poseer los conocimientos para contactar con los entes del fuego, del agua, del trueno, del aire, de la tierra y de los árboles, entonces sí: soy y seré indígena. Para nosotros esa palabra no es denigrante, sino un motivo de orgullo, porque lo hemos resignificado.

Sí, tal vez yo sea indígena… pero no como lo imaginó el hombre blanco.

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Andrés Hernández Juárez es originario de Tuxtla, Zapotitlán de Méndez, Puebla; escribe en lengua totonaca y cursa una licenciatura en Lengua y Cultura.

https://ojarasca.jornada.com.mx/2025/12/12/soy-un-indigena-3085.html

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Fpto: Martín Tonalmeyotl

LOS MOVIMIENTOS Y LOS PUEBLOS ante la ofensiva de la muerte. Por Raúl ZibechiNada mejor que mirar la realidad de frente,...
09/01/2026

LOS MOVIMIENTOS Y LOS PUEBLOS ante la ofensiva de la muerte. Por Raúl Zibechi

Nada mejor que mirar la realidad de frente, sin vueltas ni coartadas, observar al monstruo cara a cara para decidir los caminos de los movimientos de abajo y de los pueblos dispuestos a resistir.

Si lo hacemos, concluimos que el imperio actúa de un modo muy similar al narco: amenazando, comprando, atacando cobardemente para apropiarse de los bienes colectivos de comunidades y pueblos. Por eso el narcocapitalismo o el capitalismo criminal, sinónimos ya, deben ser entendidos de forma integral, sin separar las diversas facetas.

Lo sucedido con el ataque a Venezuela es un punto de inflexión que trasciende al gobierno de Trump, ya que el imperio decidió tomar el camino de la dominación sin fisuras de nuestra región, para intentar contener su irresistible decadencia con la esperanza de enfrentar a China desde un Occidente bajo su control.

Pero lo central, desde mi punto de vista, es cómo la nueva realidad afecta a los movimientos y a los pueblos, qué podemos esperar a partir de ahora y cómo podemos actuar para acotar los daños, para sobrevivir colectivamente a un enemigo, el capitalismo, que aspira a aniquilarnos para conquistar los bienes comunes. El genocidio palestino es el espejo donde mirarnos, que nos permite comprender los objetivos del sistema.

La primera cuestión es que Trump no está loco. Representa los intereses de las grandes empresas y del Estado, y el grupo que gobierna tiene la única estrategia razonable para la supervivencia del imperio: no pelear directamente con China y con Rusia, dejarlos controlar Asia y Eurasia, respectivamente, y centrarse en el control de Occidente y, sobre todo, de su patio trasero. Desde allí esperan resistir el ascenso de China, controlando el petróleo y el petrodólar, las tierras raras y los minerales en nuestro continente.

Venga quien venga después de Trump, esta política, diseñada en la reciente Estrategia de Seguridad Nacional, no va a cambiar.

La segunda es que para los movimientos y los pueblos el desafío es enorme, de un tamaño tal que no estamos en condiciones de revertir ni de frenar en el corto y mediano plazo. Esta es la tormenta que el EZLN viene anunciando por lo menos desde 2015, cuando fue el seminario “El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista”.

Las guerras por la hegemonía mundial son una parte central de la tormenta, a las que deben sumarse la crisis y caos ambientales que, juntos, arrasarán a buena parte de la humanidad. El primer deber que tenemos es comprender que estamos en la primera fase de este desastre, cuyo inicio podemos situar en Gaza y ahora en Venezuela, sabiendo que el imperio tiene en su mira a Colombia, Cuba y México, pero también a Groenlandia, como se desprende de las últimas declaraciones de Trump.

La tercera es qué vamos a hacer ahora que sabemos que no hay legalidad internacional, que los organismos como Naciones Unidas se han vuelto irrelevantes y que sólo cuenta la fuerza militar, la fuerza bruta, como sucedió en las guerras coloniales y en las dos guerras mundiales. Si queremos verlo desde otro lado, decimos que estamos en medio de una transición hegemónica y que, en la historia, las transiciones de este tipo implicaron guerras tremendas. Sólo en la Segunda Guerra Mundial la cifra de mu***os alcanza los 100 millones de personas.

Ahora el desastre humano será mucho mayor, ya que las armas se han perfeccionado y hay ya nueve países que cuentan con armas nucleares, que están dispuestos a usarlas. Además, ¿cuántas vidas se cobrarán el desastre climático y las migraciones?

Creo que una lección básica de la historia es que si no estamos organizados, vamos a desaparecer como personas y como pueblos. Si estamos organizados, tenemos chance de sobrevivir, y aunque esto no se puede garantizar, lo seguro es que es la única chance seria que tenemos. Eso implica tener refugios colectivos, arcas colectivas y autónomas, capaces de garantizar el agua, la alimentación, la seguridad y la salud de los pueblos.

La otra cuestión es que el futuro depende sólo de nosotros y nosotras. Nadie nos va a salvar. Por lo tanto, debemos poner el cuerpo, no por vocación de exponernos, sino porque no queda otra. Así le hicieron los pueblos de Vietnam, de Argelia y Cuba, entre otros. Para expulsar a los yanquis, los vietnamitas pagaron con alrededor de 3 millones de vidas, en un país que entonces contaba 32 millones de habitantes. Medio millón de argelinos cayeron en la guerra de liberación nacional, de los 10 millones que poblaban el país.

No pretendo con esto defender el sacrificio; menos aún la muerte. En paralelo, la guerra popular y prolongada ya no funciona, ni ética, ni política, ni militarmente. Afirmación que merece extenso debate.

Sólo quiero decir que debemos estar organizados. Que la tormenta en curso está recién empezando y que lo más doloroso y cruento está por llegar. Algo tan serio como la supervivencia colectiva está en juego. Con la vida no se juega. No debemos jugar con la guerra.

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Grabado de la serie"Los desastres de la guerra" de Francisco de Goya

EL RAYO Y LA SIRENA. LAS LLUVIAS ATÍPICAS Y LA MEMORIA. Eliana Acosta Márquez sobre las inundaciones y tormentas de invi...
08/01/2026

EL RAYO Y LA SIRENA. LAS LLUVIAS ATÍPICAS Y LA MEMORIA. Eliana Acosta Márquez sobre las inundaciones y tormentas de invierno pasado en Veracruz y Puebla, y la recordación antigua de los pueblos. En Ojarasca de diciembre.

Durante la noche y desde lo profundo de la barranca se escuchó el canto de un ave, como de guajolote, pero más prolongado. También se vieron en la carretera unas luces inusuales con forma de nube y en el Cerro del Camello se escuchó que rodaban piedras, como si se estuviera desbalagando el monte, aunque al otro día no había rastro del deslave.

Hubo avisos del Montero, el dueño del monte, conocido también como guardián del bosque y los animales entre los totonaku de Papaloctipan. Relata un papalense que cuando estaban trabajando cerca de la cascada, se sacudían los árboles y caían piedras, ése era el Montero. Mientras que en una zanja donde ya no había agua de repente se llenó con mucha pero el chorro corría al revés. Eran signos de la tormenta.

Entrado el mes de octubre no dejó de llover por tres días en la Sierra Norte de Puebla al igual que en el sureste de Hidalgo y el norte de Veracruz, así como en Querétaro y San Luis Potosí, afectando a tres mil localidades indígenas según cálculos del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas.1 No había llovido así y con esa cantidad de agua, afirman en Papaloctipan, comunidad ubicada en la Sierra Noroccidental Puebla, ni en 1999 cuando también hubo inundación. La mayor parte de los medios atribuyó la tormenta al paso del huracán Jerry y otros a una vaguada, “un disturbio tropical, que por la baja presión provoca la formación de “nubosidad intensa y lluvias extraordinarias”.2

Se desbordó el río Cazones que corre por Hidalgo, Puebla y Veracruz, conocido localmente como el río San Marcos. Además de la inundación, la tormenta provocó deslaves y la explosión de un ducto de Pemex, la destrucción de viviendas, caminos y puentes, así como la pérdida de cosechas y animales y la desaparición y muerte de decenas de personas. Los fuertes vientos y las lluvias intensas no son fenómenos nuevos, no obstante, cada vez son más extremos e intensas las sequías y las tormentas. Precisamente en 2024 la región fue asolada por incendios y en este 2025 por estas “lluvias atípicas”. Un territorio donde cada vez se pierde más bosque y van ganando terreno los potreros y la ganadería extensiva, donde se extienden los monocultivos mientras la actividad minera y sobre todo la producción y distribución de hidrocarburos y la falta de tratamiento de las aguas residuales han impactado a la cuenca y toda la región.3

Son múltiples las historias que se cuentan de la tormenta.

Aquí quisiera detenerme en un hecho y una exégesis: el puente roto en el arroyo, el que conecta Papaloctipan con la Ceiba rumbo a Xicotepec y Poza Rica. Y contemplar este hecho centrándome en el mundo simbólico y la narrativa de carácter mitológico bajo sus condiciones materiales y su coyuntura histórica a la luz de la noción de imagen dialéctica y rememoración planteadas por Walter Benjamin. Al aproximarse al estudio de las formas históricas este filósofo reflexiona en el Libro de los Pasajes sobre el “ahora de la cognoscibilidad” y entrevé la conjunción de tiempos y fuerzas en tensión a través de una imagen dialéctica, esto es, una imagen “donde lo que ha sido se une como un relámpago al ahora en una constelación”, lo cual nos conduce a su vez a lo concluso e inconcluso de la historia a través de la rememoración.4

El puente roto en Papaloctipan fue interpretado a causa de la tormenta en el marco de una narración mitológica en torno de dos potencias en tensión identificadas con el Rayo y la Sirena, que en su enunciación en el contexto de las “lluvias atípicas” deja ver la actualidad del mito como respuesta creativa y muestra la existencia de una comunidad ampliada y la configuración de una memoria devenida en el tiempo y en contigüidad con el territorio. Una versión de la historia versa así:

“Hay una historia que cuenta que en una ocasión en el Cerro del Guajolote viajaba una muchacha que iba a vender jabón. Le comprabas ese jabón y se hacía nube, le comprabas listones y se hacía arcoíris. Dijo que le gustaba ese lugar y que ahí se iba a quedar. Y de repente empezó a llover como ahorita que pasó la lluvia. Se cerró el cerro, se cayó y se hizo un estanque. Y ahí empezó a acumularse el agua, a subir de nivel y la gente se espantaba, pues si se llenaba se inundaba este pueblo. Y entonces es cuando empezaron a hacer este ritual para pedirle a Dios que destapara el río. Y dicen que empezó a tronar de repente, el Rayo, San Juan con sus rayos empezó y le pegó un rayo a la presa. Le pegó un rayo y lo abrió y dicen que la Sirena ahí estaba. Donde fue quedando, donde pasó, ahí le fueron poniendo los nombres al río porque cada parte del río tiene nombre. Y debido a eso donde la vieron la última vez que avistaron a la Sirena, en el puente abajito, y ahí le dicen la Poza Ciega, porque ahí desapareció. Todo el río, en cada parte del río tiene su nombre, pero es gracias a esa historia” (Papaloctipan, 27 de octubre de 2025).

Precisamente donde está la Poza Ciega debajo del puente roto por la tormenta, se distingue por ser un nacimiento de agua y encontrarse un remolino por donde relatan haber visto por última vez a Sileman, como también se le conoce a la Sirena; ahí se tapó y las piedras de río se apilaron como si fuera monte. El agua subterránea que brota en los manantiales y el flujo del agua que cruza las montañas hasta el mar, así como fenómenos como las inundaciones, están asociadas a esta figura; en la sierra son múltiples las versiones que cuentan que, al no alimentarla, hablarle o hacerle su fiesta y regalos como precisa la dueña del agua, puede provocar escasez o diluvios, como se les conoce localmente a las tormentas. Mientras que el Rayo, identificado en Papaloctipan con San Juan, entre sus múltiples atributos se encuentra su potencia a la vez celeste y telúrica con su cualidad de fecundar la tierra y de romper los cerros y las aguas.

Bajo esa trama hay una interpretación que hace resonar las propias tensiones que atraviesan a la comunidad: “el agua marca su territorio y lo hará otra vez”. Tal afirmación se da en un contexto de lucha por la tierra en Papaloctipan, donde los ganaderos han pretendido controlar el flujo del agua y poner cercas en el río. Así como han acaparado la tierra, cada vez buscan un mayor control privado del agua en una región donde históricamente se ha garantizado el uso común del agua. Explica un papalense: “Aquí es una zona de lluvias intensas… va a pasar y seguirá pasando. Muchos se habían adueñado de los arroyos, alambraron casi todo el arroyo, el arroyo pasó marcando su territorio otra vez”. Y reafirma: “Los ganaderos han puesto los alambres en los arroyos, los que se sienten dueños del río. Con la tormenta el arroyo vino a marcar su territorio” (27 de octubre de 2025).

Al rememorar se conjuntan los tiempos a manera de un “acontecer total”. Un relámpago, siguiendo a Benjamin, esa imagen dialéctica desde la cual “se coloca y dispone la vela en el flujo cíclico del viento”. Esas historias míticas, que entrevén un tiempo y espacio originario que se actualizan a la luz de los hechos presentes, en tanto que los sucesos actuales se interpretan bajo esa trama antigua. Esa configuración del tiempo, entre los totonaku de Papaloctipan y otros pueblos indígenas, no se entiende sin la producción del espacio y de la conformación de la memoria con el río, los cerros, las rocas, la lluvia o los manantiales. Esas otras formas de habitar y hacer historia, de ser y existir con el territorio.



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Notas:

1.https://www.jornada.com.mx/2025/10/20/estados/032n3est
2.https://www.lajornadadeoriente.com.mx/puebla/lluvias-huauchinango-danos-sierra-norte-uap/
3. Razón por la cual Gerardo Pérez Muñoz afirma que “no es la lluvia atípica sino el sistema”: https://mundonuestro.mx/content/2025-10-15/no-es-la-lluvia-atipica-es-elsistema-gerardo-perez-munoz/

EN SUPLEMENTO OJARASCA 344:
https://ojarasca.jornada.com.mx/2025/12/12/el-rayo-y-la-sirena-las-201clluvias-atipicas201d-y-la-memoria-8772.html

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Coscomatepec, Veracruz. Foto: Mario Olarte

Miguel Hernández Díaz, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM se adentró a la cosmogonía tsotsil en un...
07/01/2026

Miguel Hernández Díaz, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM se adentró a la cosmogonía tsotsil en una reciente publicación

La filosofía Bats’ivinik-Tsotsil. La concepción de sentir y pensar la vida y la naturaleza UNAM, 2024) es una obra que surge de una extensa investigación de campo para compilar y sistematizar el pensamiento filosófico de los pueblos tsotsiles desde su propia lengua y cultura.

El autor, Miguel Hernández Díaz, doctor en Filosofía por la UNAM, originario de Chiapas y hablante de tsotsil, es profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, además de explorador y defensor de las filosofías y pensamientos de los pueblos originarios en América Latina.

La obra fue publicada en diciembre de 2024 en la Facultad de Filosofía y Letras, la cual es la culminación de un proyecto que el autor inició hace más de tres décadas como tesis de la licenciatura en Filosofía, que reelaboró durante la pandemia, dotándola de una mayor claridad, estructura gramatical y un sólido enfoque onto-epistemológico.

En entrevista, Miguel Hernández explicó que la investigación se fundamenta en el diálogo directo con sabios de las comunidades de Chiapas, recogiendo sus ideas y palabras en su lengua originaria, sin subordinarla a marcos teóricos occidentales.

“Cuando salía al campo siempre llevaba un diario de trabajo en el que fui anotando las informaciones originales de li totil-me’iletik (los sabios). La compilación de conocimientos fue de diferentes periodos de investigación. Durante la pandemia reuní todos mis diarios de campo, concentrándolos en uno solo. Con mayor conocimiento, experiencia y trayectoria, amplié y mejoré esta investigación, dando como resultado esta obra”, afirmó.

Miguel Hernández, profesor desde 2006, se ha dedicado a la investigación y a la docencia, impartiendo en la licenciatura de Filosofía la asignatura Problemas de Filosofía en México y en Latinoamérica; y en posgrado Estudios Latinoamericanos, Filosofías de los Pueblos Originarios en América Latina: Maya, Náhuatl y Quechua-Aymara.

Mencionó que el término bats’ivinik (gente originaria, nativa y verdadera) es central en el título de la obra, ya que se utiliza como concepto genérico que define a quienes hablan esta lengua bats’ik’op (lengua originaria), así como su cultura y concepción del mundo.

Precisó que el término tsotsil no tiene sentido genérico, sólo para un municipio denominado sots’le’m (hombre murciélago) por la abundancia de murciélagos en el valle, en el lugar habitado por la comunidad nativa.

“No obstante, para el pueblo Zinacantán sí tiene sentido, pero para el resto de los pueblos que hablan la misma lengua bats’ik’op no, pues el nombre es bats’ivinik es un término para denominar a todos los que hablan la lengua originaria”.

Hernández Díaz, quien tiene un posdoctorado en Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, expuso que el libro propone un canon en el pensamiento filosófico bats’ivinik, que inicia con el sentir y pensar de cualquier imagen de la naturaleza; comienza con la emoción de la sensibilidad, que armoniza el actuar de la vida. “Este sentimiento de sentir y pensar surge en el o’on” (corazón), un atributo fundamental que no alude al órgano físico, sino al corazón del alma (espíritu)”.

Por consiguiente, agregó que el cuerpo actúa desde el corazón del alma a cualquier labor que desarrolla: cuando decimos, pensamos, actuamos, descansamos, etcétera. Justamente, indicó que en el corazón del alma se origina la sensibilidad de pensar, de hablar, de actuar, de comer, de caminar, de ver, entre otros.

Sostuvo que la clave del filosofar es la sensibilidad para reflexionar sobre cualquier actitud de la vida. “El corazón del alma no es el órgano, es lo que está en el recóndito del cuerpo físico. El alma (ch’ulel) tiene el corazón, que está considerado como el espíritu desde donde fluyen todas las acciones de la vida”.

Subrayó que este proceso de filosofar es cuestionar dudas, razón, lengua y culmina en el acto de nombrar a las cosas por su naturaleza, así como el ver li nichim (la flor), que afirma el conocimiento extraído de la observación de las cosas del mundo.

En este mismo orden de ideas, declaró que es un sitio donde están los reinos de la vida (humano, animal, vegetal y mineral), y son considerados sujetos por la vida y el corazón que preservan el valor por sus atributos.

“Todos estos reinos son sujetos de vida y corazón”, dijo el académico. “Que todos tienen la misma valía que el ser humano. No se cosifican, sino se humanizan, se observa como otro diferente, aun semejante a uno por el corazón que brinda valor de vida”.

El académico reveló el método de ver la realidad para formular ideas aducidas (inductivo a deductivo), que nos lleva a la enseñanza de esta filosofía: “Los padres siempre enseñan a sus hijos, les dicen: ‘tienes que conocer quién eres. Si no te conoces, te perderás en el mundo y negarás tu existencia cuando seas grande. Acéptate como eres’”.

En este sentido, resaltó que después de aceptarse, tienen que entender al mundo humano, a la naturaleza y los problemas sociales. “Debido que de ahí vienen todos los conocimientos. Todo se entiende, todo tiene nombre a través de su naturaleza, su imagen, rasgo físico, canto, color, alimento, hábitat y utilidad; no por convención del sofista Hermógenes de Crátilo de Platón”.

El autor comentó que esta cultura es una sabiduría marginada por el eurocentrismo, pues para ellos es un caos porque no entiende ni investiga el sentido ético de vida de estos pueblos.

“Como lo que nos han dicho siempre, mientras la cultura no se estructura, ni sé quién eres, no existes y ni eres humano. Hay que hacer algo de la vida, para no ser caos, aclarar quiénes somos. Hoy se expone un acercamiento al sistema filosófico de los pueblos originarios de nuestra América”.

Se refirió a las dificultades de traducción de las lenguas: “Tenemos otra lógica para pensar y expresar las ideas, otra estructura gramatical. En el caso del maya tsotsil, la expresión comienza con el verbo, sigue el adjetivo y termina con el sujeto. Por ende, los mayas expresan a través del verbo, se enfatiza la acción. Para traducir del español al tsotsil, debe respetarse la gramática de la lengua maya.

Finalmente aclaró: “Las filosofías originarias son retos muy grandes para exponer ideas genuinas ante el mundo académico y político de nuestros pueblos originarios en América Latina”.

Publicado originalmente en Gaceta UNAM

ATROCIDADES. UN CUENTO CON PERRITOS, por Edison Daniel Muñoz Ortiz, en OjarascaEl desafortunado destino de las nacidas h...
06/01/2026

ATROCIDADES. UN CUENTO CON PERRITOS, por Edison Daniel Muñoz Ortiz, en Ojarasca

El desafortunado destino de las nacidas hembras siempre era el mismo en todas las camadas. Muchas veces, siendo un niño, tuve que ver a los cuidanderos de las fincas o a mis propios vecinos de la cuadra deshacerse de las cachorras que nacían en sus casas y corrales. Pasaban enfrente de mi casa con los mismos costales que usaban para cargar la papa o el mercado de plaza, saludaban a mi mamá, que era quien más permanecía conmigo, y yo aprovechaba para preguntarle a ella a dónde se llevaban esos perritos. Se los llevan a la cañada, me dijo un día, y son perras, si fueran machos eso no les pasaría; me respondió ella sin titubear. Ingenuamente volví a preguntarle si alguien las rescataría de ese horrible lugar, y ella me dijo que no, que allá se quedaban hasta que el frío y el hambre las matara, o muy posiblemente la quebrada creciera y se las llevara.

Días después, mi mamá y yo nos encontramos a otro de nuestros inescrupulosos vecinos en el camino con uno de esos costales en la mano, y lo primero que le dijo a mamá fue que ya estaba cansado de tanta perramenta, de tanta chandosa en la casa. Que nos las regale, le dije con júbilo a mamá esperando encontrar en ella una respuesta de complicidad, pero inmediatamente lo dije ella procedió a apretarme la mano y despedirse de ese señor.

Al llegar a casa el corazón se me deshizo por completo, no podía creer que mi mamá no hubiese sido capaz de ayudarme a salvarle la vida a esas perritas. Esa misma noche tuve quizá una de las pesadillas más dolorosas y espantosas que un niño puede tener: en un profundo hueco, lleno de espinas y matorrales, de agua sucia y basura acumulada, yacían los cuerpos en descomposición de muchas perritas, sobre todo negras y manchaditas, así como otras que al parecer estaban vivas y que entre llantos de dolor intentaban salir de allí.

https://ojarasca.jornada.com.mx/2025/12/12/atrocidades-un-cuento-con-perritos-5368.html

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Perro herido, por Rufino Tamayo

TIEMPO DE LADRONES: Hermann BellinghausenHemos llegado al tiempo de la gran mentira. Una que abarca todas, incluso las q...
05/01/2026

TIEMPO DE LADRONES: Hermann Bellinghausen

Hemos llegado al tiempo de la gran mentira. Una que abarca todas, incluso las que nunca creímos llegar a conocer. ¿Qué permanece sólido? La intervención yanqui en Venezuela confirma, como advirtió su dudoso secretario de Guerra, que Estados Unidos puede hacer lo que le dé la gana en cualquier parte del mundo (o casi). Hasta el momento nada lo desmiente. El nuevamente ilimitado colonialismo occidental tiene dos paladines: Estados Unidos e Israel, que sin eufemismos se han pasado la legalidad internacional por el arco de sus desos. Machos Alfa de la política global, los señores Netanyahu (N.) y Trump (T) atropellan poblaciones civiles de países que no son el suyo, van tras ciudadanos de allí, los secuestran o asesinan sin disimulo. ¿Quién reclamará? ¿El papa, la señora Premio Nobel de la Paz? ¿Quién los va a sancionar? ¿La ONU, los tribunales internacionales, la OEA? Europa no ejerce contrapeso; al contrario, los gobiernos de la OTAN son cómplices, y en algunos casos participan en las felonías orquestadas desde Washington (o Mar-a-Lago) y Tel Aviv; o en las suyas propias, como Francia y Gran Bretaña en África.

Cuando T y su gente se quejan de lo que les han “robado” Venezuela y México, ya no sabemos si reír o llorar. La señora Laura Richardson, titular de Comando Sur hasta 2024, admitía sin tapujos que el litio y el petróleo de Sudamérica y el Caribe son “interés de seguridad nacional” para Estados Unidos. El mundo está en manos de ladrones, ellos ponen las reglas (si acaso hay). Las triangulaciones del oro extraído de África central a costa de esclavitud, despojo y muerte de cientos de miles de personas por parte de paramilitares y bandas criminales funcionales y rentables para Occidente, con frecuencia manipulados por Mossad, CIA o MI6, llegan a las arcas de esa pequeña gran potencia nada inocente, Emiratos Árabes Unidos (EAU). De allí se reparte el oro lavado de sangre. Igual los diamantes del Congo, a través suyo o de Israel.

Los nuevos barones del capitalismo onda Musk se benefician hasta cuando pierden. El mercado de armas y los desarrollos tecnológicos que éste genera van al alza en escala histórica. Todo el sistema está interconectado: bancos, empresas, congresos y ejércitos nacionales, supervisados por Estados Unidos y al servicio del sionismo.

El mundo está minado. Las milicias yihadistas en Mali, Nigeria, Chad y demás hacen el favor a las potencias desgarrando países. Se suman los “nacionalistas” o “separatistas”, como vemos en la nueva provocación de N al validar como país a los secesionistas de Somalilandia, que nadie más en el mundo ha reconocido desde 1991. Abre así una cabeza de playa africana para su guerra en expansión, con epicentro en Gaza y ondas expansivas de Cisjordania, Siria y Yemen hasta Irán, mientras Líbano, Irak y Jordania reciben de Israel un trato similar al que da T a nuestros países.

Los poderes aplauden cada país nuevo que disminuye al anterior a costa de gran violencia (Sudán, Somalia, Yemen) y guerras civiles interminables. Son mercado bélico, jauja para los reconstructores y agentes inmobiliarios, territorios vaciados para la explotación extractivista (hidrocarburos, minerales raros, o bien comunes, recursos bióticos).

Esta vasta operación de latrocinio plantea problemas de legitimidad a los gobiernos de T y N. Al de Washington (o Mar-a-Lago) lo llevan a nivel personal con la trama Epstein, pero también por el estilo personal de T: pocas veces vimos a un jefe de Estado enriquecerse inmensamente en las narices de sus ciudadanos y el mundo entero. Es un Narciso vulgar con pésima reputación, sí, pero nadie lo frena pues lo que hace les conviene a todos los capitalistas.

Los robos de Israel son una exageración. Además del gran atraco y genocidio en Gaza, y sus incursiones bélicas hacia el oriente para regocijo de Occidente, enfrenta un peculiar conflicto de identidad. Su teocracia militar no consigue demostrar con evidencias arqueológicas, históricas, genéticas, ni siquiera culturales, el cuento bíblico en el que Israel basa su excepcionalismo y justifica sus crímenes victimizándose de manera grotesca. Los bonos del Holocausto ya expiraron. Los israelíes necesitan venderle al mundo ideas positivas, lavarse de sangre la cara y las manos, hacerse los buenos. Y apropiarse de lo que su cultura no da, como el falafel y otras creaciones árabes y palestinas, o la destrucción deliberada de vestigios palestinos (aunque conserven los romanos) y de los olivares aún de pie en Gaza y Cisjordania. Nada de ello abona la hipótesis de que es su tierra originaria.

Bots, espacios pagados y fake news producidos por los centros de propaganda sionista en Israel y Occidente (de Alemania e Inglaterra a Estados Unidos, Argentina y Australia), así como videos, películas, series, medios digitales y masivos trivializan o niegan el genocidio. Con ello inundan las redes sociales y los contenidos de Inteligencia Artificial. Sin pudor, Israel irrumpe en festivales de música, torneos deportivos y encuentros culturales. Salvo evidencia de lo contrario, se saldrá con la suya.

https://www.jornada.com.mx/2026/01/05/opinion/a04a1cul

MARUCH SÁNTIZ GÓMEZ: ¿QUIÉN CUIDA LAS MONTAÑAS? En el MAMMerry MacMasters. En cuanto la fotógrafa tsotsil Maruch Sántiz ...
04/01/2026

MARUCH SÁNTIZ GÓMEZ: ¿QUIÉN CUIDA LAS MONTAÑAS? En el MAM

Merry MacMasters. En cuanto la fotógrafa tsotsil Maruch Sántiz Gómez (Ranchería Cruztón, San Juan Chamula, Chiapas, 1975) dio a conocer su trabajo en los años 90, la aceptación no se hizo esperar. De manera inmediata, las prácticas artísticas contemporáneas en general, no sólo la fotografía, la incluyeron en proyectos específicos, señala Silverio Orduña Cruz, curador de la exposición retrospectiva de la artista, ¿Quién cuida las montañas?, de 32 piezas en blanco y negro y a color, que se presenta en el Museo de Arte Moderno (MAM).

En 1995, Sántiz Gómez fue invitada a participar en la Bienal de Johannesburgo. Después, a exhibir en varias partes del mundo. En 2015, expuso en el Festival Internacional Cervantino. Es decir, con apenas 20 años, “dio un salto enorme al incluirse en estos certámenes y festivales internacionales”, apunta el curador, para quien la práctica fotográfica de la expositora ha sido “bien recibida en el arte contemporáneo justo por la pregunta que hace acerca de la relación entre la imagen y la escritura”.

Además, porque dentro de su producción hay “una configuración de resistencia cultural. Maruch está totalmente consciente de la pérdida de los saberes, de las prácticas culturales de su comunidad. Por medio de su labor fotográfica trata de recuperarlas, compartirlas y generar esa memoria”.

Para Orduña Cruz, “se combinaron varias cosas para que su trabajo estuviera tan presente en el campo artístico contemporáneo”. Recuerda que en México, justo entre 1994 y 1995, “estaba el movimiento zapatista, además de la situación económica y política en torno al Tratado de Libre Comercio. Había una discusión acerca de la globalización.

“Me parece que el trabajo de Maruch fue muy pertinente para pensar el arte desde estos temas. Es decir, ¿qué pasa con la globalización en los pueblos originarios, con la lengua, con los territorios en disputa? ¿Qué pasa con estos saberes que estaban frente a un capitalismo completamente diferente al que vivimos ahora. Se combinaron varias cosas para que su trabajo pudiera lanzarse al estrellato”, refirió el curador.

De adolescente, Sántiz Gómez era asidua de la Casa del Escritor, Sna Jtz’ibajom, en San Cristóbal de las Casas, que ofrecía talleres en diferentes disciplinas. “Del de fotografía le fascinó, según cuenta, cómo un proceso mecánico y químico hace aparecer la imagen. En cierto momento al contestar una convocatoria abierta en Chiapas sobre diversidades de las comunidades originarias, aunque en un inicio planteaba una recopilación de las creencias de los antepasados de forma escrita, al acercarse a la fotografía, Maruch se dio cuenta de que la escritura no era lo único que podía hacer. También podía realizar fotografías alrededor de este tema de investigación que desarrolló con los mayores de su familia y de su comunidad”.

Escritora, actriz y artesana textil

La práctica de Sántiz Gómez nació inicialmente de la escritura, aunque también participó como actriz en los grupos teatrales de la Casa del Escritor. Además, se ha desempeñado como diseñadora de textiles y bordados.

¿Quién cuida las montañas? es una iniciativa del MAM derivada del interés por revisar la fotografía contemporánea y desarrollar un programa curatorial vinculado con prácticas fotográficas en territorios indígenas o de pueblos originarios, específicamente, señala el curador. La muestra comprende fotos de la artista impresas entre 1994 y 2000, aunque volvió a imprimir una serie sobre el arte de la medicina ancestral de 2015. También incluye impresas imágenes recientes.

La exhibición se divide en tres núcleos temáticos: El arte de la medicina ancestral (2015), que explora los saberes curativos tradicionales; Creencias de nuestros antepasados, la serie iniciada en 1994, que duró hasta 2000 y la más representativa, y Obras recientes (2020-2021), trabajos vinculados con la alimentación saludable y el uso de tintes naturales en los textiles de los Altos de Chiapas.

Si en un principio parecía que Creencias de nuestros antepasados marcaba el camino a seguir, al revisar su trabajo y sus intereses, “encontramos rutas de investigación fotográfica que no se despegan de lo que originalmente inició; es decir, de su exploración sobre los saberes tsotsiles, si no que se ha ramificado hacia los saberes de la medicina ancestral, de los textiles, los brocados que hay en los textiles tradicionales de los Altos de Chiapas. También sobre la alimentación de los menores. En fin, hay una exploración muy rica acerca de cómo resguardar y generar memoria sobre el conocimiento tsotsil. La muestra del MAM pretende generar esta idea de la diversidad de temas que Maruch ha desarrollado, y que la estrategia fundamental de su fotografía es unir la imagen con la palabra ‘tsotsil’”.

La exposición Maruch Sántiz Gómez: ¿Quién cuida las montañas?, concluye hoy en el Museo de Arte Moderno (Paseo de la Reforma, Bosque de Chapultepec, primera sección).

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Ajo, 2015. Impresión digital 33.7 por 50 centímetros. Foto: Maruch Sántiz

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