07/01/2026
Miguel Hernández Díaz, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM se adentró a la cosmogonía tsotsil en una reciente publicación
La filosofía Bats’ivinik-Tsotsil. La concepción de sentir y pensar la vida y la naturaleza UNAM, 2024) es una obra que surge de una extensa investigación de campo para compilar y sistematizar el pensamiento filosófico de los pueblos tsotsiles desde su propia lengua y cultura.
El autor, Miguel Hernández Díaz, doctor en Filosofía por la UNAM, originario de Chiapas y hablante de tsotsil, es profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, además de explorador y defensor de las filosofías y pensamientos de los pueblos originarios en América Latina.
La obra fue publicada en diciembre de 2024 en la Facultad de Filosofía y Letras, la cual es la culminación de un proyecto que el autor inició hace más de tres décadas como tesis de la licenciatura en Filosofía, que reelaboró durante la pandemia, dotándola de una mayor claridad, estructura gramatical y un sólido enfoque onto-epistemológico.
En entrevista, Miguel Hernández explicó que la investigación se fundamenta en el diálogo directo con sabios de las comunidades de Chiapas, recogiendo sus ideas y palabras en su lengua originaria, sin subordinarla a marcos teóricos occidentales.
“Cuando salía al campo siempre llevaba un diario de trabajo en el que fui anotando las informaciones originales de li totil-me’iletik (los sabios). La compilación de conocimientos fue de diferentes periodos de investigación. Durante la pandemia reuní todos mis diarios de campo, concentrándolos en uno solo. Con mayor conocimiento, experiencia y trayectoria, amplié y mejoré esta investigación, dando como resultado esta obra”, afirmó.
Miguel Hernández, profesor desde 2006, se ha dedicado a la investigación y a la docencia, impartiendo en la licenciatura de Filosofía la asignatura Problemas de Filosofía en México y en Latinoamérica; y en posgrado Estudios Latinoamericanos, Filosofías de los Pueblos Originarios en América Latina: Maya, Náhuatl y Quechua-Aymara.
Mencionó que el término bats’ivinik (gente originaria, nativa y verdadera) es central en el título de la obra, ya que se utiliza como concepto genérico que define a quienes hablan esta lengua bats’ik’op (lengua originaria), así como su cultura y concepción del mundo.
Precisó que el término tsotsil no tiene sentido genérico, sólo para un municipio denominado sots’le’m (hombre murciélago) por la abundancia de murciélagos en el valle, en el lugar habitado por la comunidad nativa.
“No obstante, para el pueblo Zinacantán sí tiene sentido, pero para el resto de los pueblos que hablan la misma lengua bats’ik’op no, pues el nombre es bats’ivinik es un término para denominar a todos los que hablan la lengua originaria”.
Hernández Díaz, quien tiene un posdoctorado en Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, expuso que el libro propone un canon en el pensamiento filosófico bats’ivinik, que inicia con el sentir y pensar de cualquier imagen de la naturaleza; comienza con la emoción de la sensibilidad, que armoniza el actuar de la vida. “Este sentimiento de sentir y pensar surge en el o’on” (corazón), un atributo fundamental que no alude al órgano físico, sino al corazón del alma (espíritu)”.
Por consiguiente, agregó que el cuerpo actúa desde el corazón del alma a cualquier labor que desarrolla: cuando decimos, pensamos, actuamos, descansamos, etcétera. Justamente, indicó que en el corazón del alma se origina la sensibilidad de pensar, de hablar, de actuar, de comer, de caminar, de ver, entre otros.
Sostuvo que la clave del filosofar es la sensibilidad para reflexionar sobre cualquier actitud de la vida. “El corazón del alma no es el órgano, es lo que está en el recóndito del cuerpo físico. El alma (ch’ulel) tiene el corazón, que está considerado como el espíritu desde donde fluyen todas las acciones de la vida”.
Subrayó que este proceso de filosofar es cuestionar dudas, razón, lengua y culmina en el acto de nombrar a las cosas por su naturaleza, así como el ver li nichim (la flor), que afirma el conocimiento extraído de la observación de las cosas del mundo.
En este mismo orden de ideas, declaró que es un sitio donde están los reinos de la vida (humano, animal, vegetal y mineral), y son considerados sujetos por la vida y el corazón que preservan el valor por sus atributos.
“Todos estos reinos son sujetos de vida y corazón”, dijo el académico. “Que todos tienen la misma valía que el ser humano. No se cosifican, sino se humanizan, se observa como otro diferente, aun semejante a uno por el corazón que brinda valor de vida”.
El académico reveló el método de ver la realidad para formular ideas aducidas (inductivo a deductivo), que nos lleva a la enseñanza de esta filosofía: “Los padres siempre enseñan a sus hijos, les dicen: ‘tienes que conocer quién eres. Si no te conoces, te perderás en el mundo y negarás tu existencia cuando seas grande. Acéptate como eres’”.
En este sentido, resaltó que después de aceptarse, tienen que entender al mundo humano, a la naturaleza y los problemas sociales. “Debido que de ahí vienen todos los conocimientos. Todo se entiende, todo tiene nombre a través de su naturaleza, su imagen, rasgo físico, canto, color, alimento, hábitat y utilidad; no por convención del sofista Hermógenes de Crátilo de Platón”.
El autor comentó que esta cultura es una sabiduría marginada por el eurocentrismo, pues para ellos es un caos porque no entiende ni investiga el sentido ético de vida de estos pueblos.
“Como lo que nos han dicho siempre, mientras la cultura no se estructura, ni sé quién eres, no existes y ni eres humano. Hay que hacer algo de la vida, para no ser caos, aclarar quiénes somos. Hoy se expone un acercamiento al sistema filosófico de los pueblos originarios de nuestra América”.
Se refirió a las dificultades de traducción de las lenguas: “Tenemos otra lógica para pensar y expresar las ideas, otra estructura gramatical. En el caso del maya tsotsil, la expresión comienza con el verbo, sigue el adjetivo y termina con el sujeto. Por ende, los mayas expresan a través del verbo, se enfatiza la acción. Para traducir del español al tsotsil, debe respetarse la gramática de la lengua maya.
Finalmente aclaró: “Las filosofías originarias son retos muy grandes para exponer ideas genuinas ante el mundo académico y político de nuestros pueblos originarios en América Latina”.
Publicado originalmente en Gaceta UNAM