23/09/2025
Crónica de una amistad hecha Balón de Oro
La noche del Balón de Oro siempre es un espectáculo de brillo, aplausos y cámaras. Pero en esta ocasión, más allá del oro que resplandecía sobre el escenario, lo que conmovió al mundo fue la fuerza de una amistad.
Ousmane Dembelé, con lágrimas contenidas, subió al estrado a recibir el premio que lo consagra como el mejor del planeta. Sin embargo, mientras el público celebraba, las cámaras captaron una escena distinta: un joven en medio de la multitud lloraba desconsolado.
Ese joven era Moustapha Diatta, el amigo de infancia de Ousmane, aquel con quien compartió los primeros toques de balón en los campos de tierra de Francia. Juntos hicieron todas las divisiones menores, soñando con llegar lejos. La vida, sin embargo, tomó rumbos distintos: Dembelé alcanzó la cima del fútbol mundial, Moustapha no llegó al profesionalismo.
Pero nunca dejó de creer en su amigo. Nunca dejó de acompañarlo. Y por eso, al tener en sus manos el trofeo más codiciado, Ousmane lo recordó con palabras que se quedarán en la memoria:
“Para Moustapha, con quien comparto desde que tenemos 4-5 años. Siempre ha estado conmigo, siempre me apoyó. Siempre me dijo que algún día yo sería el mejor del mundo. Y siempre estaremos juntos”.
Ese instante no fue solo la consagración de un futbolista, fue la coronación de una amistad. Porque detrás de cada campeón, hay alguien que creyó incluso cuando el camino parecía imposible.
El Balón de Oro brilló aquella noche, pero lo que realmente iluminó fue el valor eterno de la lealtad y los amigos del alma.