25/12/2025
PILDORAS PARA EL ALMA
Salmo 66: 17-20
A él clamé con mi boca,Y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad,El Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios;Atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios,Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.
Salmos 66:17-20
Palabra de vida
Hermosas y profundas palabras las del Salmista. Este pasaje de Salmos 66:17-20 toca una fibra muy sensible sobre la autenticidad humana y la fidelidad divina.
A menudo, nos enfocamos solo en el acto de pedir, pero estos versículos nos invitan a reflexionar sobre el estado de nuestro interior y la gratitud final. Aquí te comparto algunos puntos clave que resaltan de este texto:
1. La coherencia entre la boca y el corazón
El verso 18 es un desafío ético: "Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado". No se trata de ser perfectos, sino de la intención. El salmista sugiere que Dios no busca ritos externos, sino un corazón que no se aferre al mal intencionalmente.
2. El Dios que atiende
Es reconfortante ver el cambio de tono en el verso 19: "Mas ciertamente me escuchó Dios". El autor pasa de la posibilidad del silencio a la certeza de la respuesta. Refleja esa confianza de que, a pesar de nuestras fallas, hay una línea directa cuando nos acercamos con honestidad.
3. La misericordia como respuesta final
El cierre es un estallido de gratitud. Lo más impactante es que el salmista no se atribuye el mérito de haber sido escuchado por ser "bueno", sino que atribuye todo a la misericordia de Dios.
Reflexión: Este salmo nos recuerda que la oración no es solo hablar, sino también "limpiar la casa" por dentro para que nuestra voz resuene con verdad.