23/12/2025
El Arcángel que custodia la entrada al Jardín del Edén.
Tras la expulsión de Adán y Eva, la entrada al Jardín del Edén quedó bajo la custodia de un ser celestial imponente. La tradición bíblica describe que Dios colocó querubines y una espada encendida que se revolvía por todos lados para guardar el camino al árbol de la vida. Este guardián no solo protegía un lugar físico, sino un estado perdido de comunión perfecta entre el ser humano y su Creador.
Aunque el texto del Génesis no menciona un nombre específico, muchas tradiciones judías y cristianas posteriores han asociado esta custodia a un arcángel, a veces identificado simbólicamente con Uriel, el ángel de la luz y del conocimiento. Su misión no era castigar, sino preservar el orden divino, asegurando que la humanidad no accediera al árbol de la vida en un estado de corrupción y desobediencia.
Así, el arcángel que custodia la entrada al Edén representa el límite sagrado entre lo divino y lo humano. Su presencia recuerda que el acceso a la vida eterna no puede tomarse por la fuerza, sino que debe ser restaurado por voluntad divina. En la teología cristiana, esta barrera encuentra su respuesta siglos después, cuando el camino a la vida es reabierto no por una espada de fuego, sino por la redención.