17/12/2025
En 2004, Geena Davis estaba sentada en el sofá con su hija de dos años y juntas veían un programa infantil. Escena tras escena, Geena se bloqueó.
Algo faltaba, algo evidente.
¿Dónde estaban las niñas?
Era un programa pensado para los más pequeños, y sin embargo, casi todos los personajes parlantes eran hombres. Esa noche, Geena empezó a mirar con nuevos ojos. Películas, dibujos animados, series: El esquema estaba en todas partes.
El mundo de la infancia se contaba en masculino.
Y ella ya no podía dejar de verlo.
Geena Davis no era una mujer cualquiera. Había ganado un Óscar. Había sido protagonista de películas icónicas como Thelma & Louise y A League of Their Own. Había vivido en el centro de la industria cinematográfica, elogiada como actriz, mientras que a su alrededor las figuras femeninas eran silenciosamente reducidas e invisibilizadas.
Pero Geena no se puso a protestar frente a los micrófonos.
Hizo algo aún más radical: construyó un instituto de investigación.
Así nació el Geena Davis Institute on Gender in Media, la primera organización del mundo dedicada a estudiar científicamente la representación de mujeres y niñas en los medios dirigidos a la infancia.
Con el apoyo de la Universidad del Sur de California, su equipo analizó miles de películas, episodios y guiones.
Los números hablaban claro.
Por cada personaje femenino que hablaba, había tres masculinos.
En las escenas grupales, la presencia femenina se limitaba al 17%.
Y, lo que es más grave, estas proporciones no habían cambiado desde 1946.
Pero Geena no llevó la indignación a los palacios del cine.
Trajo los datos.
Habló con productores, guionistas y ejecutivos.
No acusaba. Proponía.
Esto es lo que encontramos.
Esto es lo que se puede mejorar.
Aquí está lo simple que puede ser cambiar. Su mensaje se convirtió en un movimiento:
Si puedes verlo, puedes serlo.
Los estudios comenzaron a escuchar.
Disney adoptó el software del Instituto para analizar los guiones.
Los productores comenzaron a añadir personajes femeninos a las escenas grupales.
Los guionistas cambiaron los nombres de los personajes de masculinos a femeninos y descubrieron que las historias funcionaban mejor.
Luego, en 2019, sucedió algo extraordinario.
Por primera vez en la historia, las películas familiares alcanzaron la paridad de género en los papeles principales.
En poco más de diez años, las protagonistas femeninas habían pasado del 24% al 48%.
La mujer que se había dado cuenta de lo que faltaba había logrado ponerlo de nuevo en su lugar.
Geena Davis ha demostrado que es posible cambiar toda una industria, no gritando más fuerte, sino presentando datos concretos que nadie puede ignorar.
Y a veces, la pregunta que inicia una revolución no nace en una sala de reuniones.
Nace en un salón, junto a una niña, viendo la televisión.
Y preguntándose:
¿Por qué no hay niñas como yo aquí?