07/11/2025
Anel Ortiz
LA VIOLENCIA QUE SE NIEGA Y LA VIOLENCIA QUE SOSTIENE EL PODER
-Entre 2018 y 2023, más de 5,500 feminicidios y solo una de cada cuatro víctimas alcanzó justicia
Si a una mujer con todo el poder pueden tocarla frente a sus guardaespaldas, ¿qué nos queda a las mujeres de a pie?
La imagen no solo escandaliza: exhibe la estructura violenta que atraviesa al país, esa que ni los símbolos del poder consiguen desarticular. México vive una contradicción profunda: se gobierna en nombre de las mujeres, pero se sigue negando la magnitud de la violencia que las afecta.
Según cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), entre 2018 y 2023 se registraron alrededor de 5,577 feminicidios en México. En promedio, una mujer fue asesinada cada nueve horas en condiciones que las autoridades clasificaron como feminicidio. Sin embargo, los datos judiciales muestran que menos del 25 % de estos casos derivaron en una sentencia condenatoria, lo que significa que más de 4,100 asesinatos de mujeres permanecen impunes o con procesos abiertos sin resolución definitiva.
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se registraron más de 8,500 feminicidios, y aunque su gobierno reportó una supuesta reducción, organismos independientes y la propia ONU han advertido que buena parte del descenso se explica por reclasificación de delitos y subregistro. El gobierno de Claudia Sheinbaum hereda ese escenario y enfrenta la paradoja de ser la primera mujer en ocupar la presidencia de México en un país donde la violencia de género sigue siendo estructural y cotidiana.
Si la negación o el control del discurso se utilizan como escudo político, entonces hablamos de una estrategia que maquilla la violencia para proteger la legitimidad del poder. Pero si no hay cálculo político y lo que vemos es la incapacidad institucional para frenarla, el diagnóstico es igual de grave: vivimos en un sistema que no logra desactivar la violencia ni siquiera desde sus más altas esferas.
Mientras tanto, hay otras mujeres de las que casi no se habla, las migrantes, las jornaleras, las trabajadoras domésticas, las madres buscadoras, las niñas asesinadas en contextos de pobreza o desplazamiento forzado. Ellas no figuran en las conferencias de prensa ni en los informes anuales. Su silencio estadístico es también una forma de violencia: las cifras oficiales no alcanzan a nombrarlas.
*Negar la violencia no la borra, solo la normaliza.
*Reducir los números no significa reducir el daño.
*Y colocar a una mujer en el poder no garantiza la erradicación del patriarcado.
México necesita mirar de frente la magnitud del problema, asumir la deuda con sus mujeres y trabajar en serio para erradicar la violencia, para que ninguna ,ni poderosa ni de a pie, tenga que vivir una situación igual.