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01/01/2025
Sawney Bean
Sawney Bean es el caníbal por excelencia.
Cuando alguien menciona caníbales escoceses, es Sawney Bean quien viene a la mente y no hay duda. La suya es una historia de horror, as*****to y canibalismo que solo sería apropiado para una película de Halloween.
Sawney o Alexander Bean supuestamente nació en lo que es ahora East Lothian, no muy lejos de Edimburgo, en algún momento del siglo XVI o quizá antes; las leyendas tienden a concentrarse en la esencia de su historia más que en detalles específicos como tiempos y fechas. El padre de Sawney era aparentemente un excavador de zanjas, lo que era un trabajo arduo que no le atraía mucho a su hijo. Él intentó por un tiempo, pero pronto buscó algo más fácil que trabajar para ganarse el pan de cada día. Encontró una esposa, o al menos a una mujer, y juntos se fueron de casa y vagaron por Escocia por un tiempo hasta que llegaron a Bennane Head en Carrick, en lo que es ahora North Ayrshire.
En vez de vivir convencionalmente, Sawney y su esposa encontraron una profunda y aislada cueva en la costa, posiblemente la misma Bennane Cava, 200 yardas de largo y con la entrada bloqueada por el mar en marea alta. Ahí se asentaron, a mitad de camino entre la ciudad de Girvan y el pueblo de Bellantrae, y desde aquí comenzaron a hacer el país peligroso para los locales y viajeros. El camino principal de la costa pasó cerca, y la gente comenzó a desaparecer, al principio individualmente y luego, con el paso de los años, en parejas e incluso en grupos bastante grandes.
Al inicio no había muchas noticias sobre extrañas desapariciones, porque viajar en la época medieval o aun en la Europa Renacentista nunca era seguro, con salteadores, criminales y ladrones uniéndose a los peligros naturales de inundaciones, caminos sorprendentemente pobres y clima voluble, pero con el tiempo, la gente notó un patrón. Se dieron cuenta de que los viajeros del suroeste parecían bastante propensos a desaparecer y empezaron a preguntarse por qué. Los locales se hicieron más cuidadosos, pero a pesar de su cautela, no podían adivinar qué es lo que estaba pasando.
Mientras tanto, Sawney y la señora Bean habían estado bastante ocupados. A lo mejor el honesto trabajo de zanjear no era de su agrado, pero había otras ocupaciones en las que eran excelentes. Al pasar los años, ellos produjeron ocho hijos y seis hijas y luego, dieciocho nietos y catorce nietas. Efectivamente, ellos parecían criar prolíficamente, aunque incestuosamente porque todos los niños y los nietos se tenían ellos mismos como parejas, y tan pronto como eran lo sufrientemente mayores, los jóvenes Beans jugaban sus partes en el negocio familiar.
Algunas personas nacen dentro de la cultura del canibalismo y no conocen algo mejor; otros tienen que valerse de ello por necesidad y hambre, pero Sawney Bean y su esposa lo tomaron como una decisión y se probaron a ellos mismos como expertos.
Con la cueva siendo virtualmente un escondite perfecto, ellos raramente se aventuraban a salir a la luz del sol, pero merodeaban los caminos por las noches, usando su creciente clan de monstruos depredadores para emboscar a cualquier viajero solitario. Mientras el clan Bean crecía, se hacían más audaces, atacando a grupos cada vez más grandes. Una vez que los Beans asesinaban a sus víctimas, cargaban sus cuerpos a la cueva, los desvestían, los cortaban y comían lo que más les gustaba.
Lo que no se comían inmediatamente, lo conservaban, probablemente en agua de mar, de lo que tenían un suministro ilimitado, y las porciones que no eran comestibles, eran simplemente lanzadas al mar para que la marea las distribuyera dónde le placiera. Quizá fue el resurgimiento de estos pedazos y piezas de humanidad desafortunada lo que alertó y alarmó a los locales para tomar una acción más directa. Reuniéndose, comenzaron a buscar en el área, hurgando en cada rincón y grieta, mirando a cualquier desconocido con gran sospecha y colgado a los desafortunados que resultaban ser un poco excéntricos en sus formas.
También buscaron en Bennane Cave, pero cuando vieron la marea, pensaron que nadie podía vivir ahí. Y los as*****tos y el canibalismo continuaron mientras Sawney Bean y su clan se criaron, prosperaron y atacaron a todos en quienes podían hundir sus dientes manchados de sangre. Durante el periodo de tiempo en que los Beans operaron, ellos debieron haber matado a montones, quizá cientos de personas, así que Sawney pido haberse sentido virtualmente invulnerable mientras continuaba sin ser descubierto. Aun así, la suerte de todos tiene una forma de equilibrarse y una noche los Beans se sobrepasaron. Una feria se celebró a unas cuantas millas de ahí y ellos salieron de su cueva y se deslizaron por el oscuro campo, reuniéndose en una horrible emboscada para esperar a cualquier incauto.
Dado su estilo de vida, ellos deben haber sido una aparición terrible: ellos deben haber estado sucios y desaliñados, apestando a sangre seca, con largas uñas y ojos más parecidos a los de un depredador que a los de una familia de seres humanos. Sus oídos, entrenados para cazar, podían escuchar el sonido de la gente acercándose antes de ser vista, y luego dos personas felizmente salieron a la vista. Ellos eran obviamente un hombre y su esposa, ambos compartiendo el mismo caballo mientras regresaban de la feria y más concentrados en la compañía del otro que en vigilar cualquier posible emboscada caníbal. Cuando el par estaba casi dentro del círculo de Beans, los caníbales atacaron.
Debe haber sido una experiencia aterradora para la pareja; un segundo ellos iban montando felizmente, riendo y recordando, y al siguiente estaban rodeados por docenas de monstruos gritones con garras y bocas abiertas. Sin embargo, esa parte de la Costa Oeste Escocesa era tierra de los Kennedy, y en el siglo XVI, los hombres de Kennedy sabían cuidarse solos. Este hombre no era un simple campesino con un solo bastón, sino un caballero con una espada y una pi***la y con el vigor y la habilidad de usarlos bien. Disparando, rebanando y apuñalando, él derroto al primer atacante, pero mientras intentaba pasar, su esposa se cayó de la parte posterior del caballo, y antes de que su marido pudiera darse vuelta, un grupo de mujeres Beans ya había desgarrado sus intestinos y se atiborraba de su sangre, incluso mientras y horrorizado esposo observaba.
La pelea había llegado a su climax; el marido había estado mirando sin poder creer a su esposa, pero cuando un segundo grupo de personas que regresaba de la feria apareció, los Beans desaparecieron dentro de la siniestra oscuridad.
Era demasiado tarde para la esposa, pero ahora la gente sabía que había un clan entero de caníbales infestando la costa de Carrick y enviaron la notica al rey. James VI tiene muy bala prensa de los historiadores, pero casi siempre con razón. Él era un hombre insensible que intentó apaciguar a sus súbditos gaélicos forzándolos dentro de una cultura extrajera; era un hombre débil y todo menos valiente. Sin embargo, él fue, también, el rey que dio a Escocia décadas de paz, y cuando la ocasión vino, él calló a los clanes de los Borders con habilidad y crueldad suficiente para asegurar que el viejo sistema salvaje no regresara. Ahora actuó con rapidez y decisión.
Aunque algunos dicen que el rey vino en persona, es más seguro que ordenara a los lords locales que arreglaran las cosas. De cualquier modo, un pequeño ejército de cuatrocientos hombres purgó North Ayrshire, pero esta vez fueron acompañados de sabuesos. Los perros siguieron el camino de sangre y los cuatrocientos hombres se formaron alrededor de Bennane Cave. El ejército entró; los Beans contraatacaron, pero fueron superados y vencidos. Amarrados de pies y manos, yacían en sombría furia, mirando a los invasores a través de perversos ojos semi humanos, y solo entonces los invasores levantaron sus antorchas y examinaron los alrededores.
Al principio no podían creer lo que veían. La cueva entera, unos cientos de pies de largo, estaba adornada con restos humanos. Había trozos de carne humana colgada a secar, piernas y brazos encurtidos en barriles y relucientes pilas de monedas de plata, relojes y lo que sea que pudieran obtener de los cuerpos de los mu***os. Sobre todo, esto estaba la peste a carne humana cocida. En vez de solo ejecutar a los Beans descontrolados, el ejército los encadenó y los arrastraron a Edimburgo, dónde fueron lanzados en el Tolbooth, el Corazón de Midlothian.
Normalmente, los Beans enfrentarían un juicio, pero la evidencia era abrumadora y el rey ordenó que fueran removidos tan rápido como fuese posible.
La leyenda dice que fueron llevados a Leith, posiblemente, dónde las viejas Gallows estaban a la mitad del camino entre lo que ahora es Leith Walk, o tal vez a Sands, y ejecutados. Los hombres fueron castrados, les cortaron las manos y los pies, y se desangraron hasta la muerte. Las mujeres tuvieron el placer de presenciar la muerte de sus hombres, y después fueron quemadas.