18/07/2021
Hacía tres meses que Charlie y Kala habían desaparecido sin dejar rastro. Lo último que se sabía de ellos era que habían acudido a un aviso de trabajo: se dedicaban a la limpieza de viviendas. No se supo nada más de ellos hasta que los investigadores localizaron la zona donde se perdió la señal de sus teléfonos móviles. Una vez realizada la triangulación de las antenas, la policía llegó a una propiedad.
Mientras varios agentes registraban el lugar, escucharon unos ruidos procedentes de un enorme contenedor metálico. De inmediato, rompieron el candado y, al abrirlo, se encontraron a Kala encadenada como si fuese un perro. Cuando le preguntaron por la identidad de su captor, la joven señaló al culpable: Todd Kohlhepp, un agente inmobiliario y asesino en serie con siete muertes a sus espaldas.
la madre lo llevó a un psiquiatra y el resultado de su evaluación fue sobrecogedor: a sus nueve años, Todd presentaba un carácter “explosivo” y una conducta orientada hacia un “contenido sexual”. A esto se sumaba que Todd solo podía expresar una única emoción: la ira. Con este informe demoledor, el menor fue internado en un hospital psiquiátrico durante tres meses.
Una vez dado de alta, el niño regresó con su madre, después estuvo un tiempo viviendo con su padre biológico, pero la convivencia tampoco funcionó. Para cuando Todd volvió al hogar materno, ya era un adolescente indomable. El 25 de noviembre de 1986, aquella rebeldía se tornó en una conducta delictiva al secuestrar y violar a una niña de 14 años.
Después de amenazarla de muerte con un revólver calibre 22 (se lo había robado previamente al padre), Todd, de quince años en aquel momento, se la llevó a su casa donde la maniató y le tapó la boca con cinta adhesiva. Tan pronto cometió la agresión sexual, la acompañó a su domicilio y volvió a amenazarla de muerte. Incluso le hizo prometer que no se lo contaría a nadie. Pero la muchacha denunció y Todd fue arrestado.
Tras declararse culpable, el tribunal lo sentenció a quince años de prisión y fue registrado como delincuente sexual. El juez dejó constancia de que Todd además de ser un muchacho “muy inteligente” también era “peligroso desde el punto de vista conductual y emocional” y que ni teniendo “la intervención profesional más intensa y costosa”, esta brindaría “protección al público ni rehabilitación de este menor”. No se equivocaba.