02/01/2026
La Nebulosa de la Hormiga se abre en el espacio como una criatura de luz en pleno movimiento. Dos lóbulos luminosos se extienden en direcciones opuestas, como mandíbulas cósmicas que parecen empujar la oscuridad, marcando el instante en que una estrella decidió transformarse.
Su forma no es suave ni tranquila: es intensa, dinámica, casi viva. El gas se expande con fuerza, iluminado por el último impulso de una estrella moribunda que se resiste a desaparecer sin dejar huella. Cada filamento parece tensado, cargado de energía y despedida.
Mirarla es presenciar un final que no se apaga.
Es entender que incluso en la muerte estelar, el universo puede crear figuras poderosas, extrañas y profundamente conmovedoras.