Evangelizando Ando Juan Camilo Correa

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Evangelizando Ando Juan Camilo Correa Nada te turbe, Nada te espante quien a Dios tiene nada le falta SOLO DIOS BASTA

Oremos por el Diácono Juan Andres Barrera  quien será ordenado sacerdote y por el seminarista Jean Carlos Peña quien rec...
23/08/2025

Oremos por el Diácono Juan Andres Barrera quien será ordenado sacerdote y por el seminarista Jean Carlos Peña quien recibirá el orden del diaconado hoy a las 10am en la catedral de Palmira...
La ordenación presbiteral es el sacramento mediante el cual una persona es consagrada como sacerdote, recibiendo el poder de administrar los sacramentos y el encargo de cuidar de la comunidad de creyentes.
La figura del sacerdote en la comunidad es fundamental, ya que actúa como mediador entre Dios y las personas. Su papel implica guiar espiritualmente a los fieles, celebrar los sacramentos, y promover la enseñanza de la fe. Además, el sacerdote está llamado a servir a la comunidad, brindando apoyo en momentos de necesidad y fomentando la unidad y la paz entre los miembros de la iglesia.

18/08/2025
15/08/2025
La Palabra de Dios nos confronta con verdades esenciales sobre la vida cristiana, verdades que a veces nos resultan difí...
15/08/2025

La Palabra de Dios nos confronta con verdades esenciales sobre la vida cristiana, verdades que a veces nos resultan difíciles de asimilar en nuestra cotidianidad, pero que son el corazón mismo del mensaje de Jesús. Nos habla de dos pilares fundamentales: el perdón ilimitado y la destructividad radical del odio.
Jesús, ante la pregunta de Pedro sobre cuántas veces debemos perdonar, nos da una respuesta que nos saca de nuestra lógica humana, de nuestros cálculos y de nuestras cuentas pendientes: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete".
¿Qué significa esto? No es una fórmula matemática, no es que debamos contar los perdones. Es una invitación a vivir en un estado de perdón constante. Imaginen un ciclo que se repite sin fin. Jesús nos está mostrando que el perdón no tiene límites, no es una moneda de cambio, no es algo que se otorga solo cuando el otro lo merece o nos pide disculpas de una manera que nos satisfaga.

El perdón es un acto de libertad. Cuando nos aferramos al rencor, a la ofensa, a la herida, nos convertimos en prisioneros de nuestro propio dolor. Nos atamos a la persona que nos hizo daño, permitiendo que siga teniendo poder sobre nosotros, incluso cuando esa persona ya no está presente o ha olvidado el agravio. Perdonar, en cambio, es romper esas cadenas. Es un acto de valentía que nos libera a nosotros mismos.

El perdón evangélico no significa olvidar la ofensa, ni justificarla, ni decir que no pasó nada. Significa elegir no permitir que esa ofensa siga determinando nuestra paz interior y nuestra relación con Dios y con los demás. Es un acto de amor radical, que busca la sanación, no la venganza. Es reflejar el perdón que Dios mismo nos da a través de Cristo, un perdón que es inmenso y constante.
La segunda parte de esta profunda reflexión nos llega desde el apóstol Juan: "Todo el que odia a su hermano es un homicida". ¡Qué afirmación tan fuerte! A primera vista, podemos pensar: "Pero yo nunca he matado a nadie". Y es cierto, quizás no hemos empuñado un arma. Pero Juan nos está invitando a mirar más allá de la acción física y a entender la esencia destructiva del odio.

El odio, en su raíz, es un deseo de aniquilación. Cuando odiamos a alguien, deseamos su mal, su fracaso, su sufrimiento. Deseamos que esa persona deje de existir en nuestra vida, o incluso, en su peor manifestación, deseamos su destrucción total. Este deseo, aunque no se materialice en un acto físico, ya está matando algo vital: la caridad, la fraternidad, la imagen de Dios en el otro, y, lo más grave, está matando nuestra propia capacidad de amar, nuestra propia humanidad.

El odio carcome el alma. Nos enferma por dentro, nos vuelve amargos, nos ciega a la bondad. Nos transforma en personas que, aunque no empuñemos un arma, estamos cultivando un terreno fértil para la violencia, para la división, para la exclusión. El odio es un homicidio espiritual, porque mata la vida que Dios quiere que florezca en nosotros y a través de nosotros.
Estas dos verdades están íntimamente conectadas. ¿Cómo podemos perdonar setenta veces siete si estamos atrapados en las garras del odio? El odio es lo opuesto al perdón. El odio nos cierra, el perdón nos abre. El odio destruye, el perdón construye.
La vida cristiana nos llama a un camino de transformación. Nos pide que despojemos el viejo hombre, el hombre del rencor y del odio, y nos vistamos del nuevo hombre, el hombre de la misericordia, del perdón y del amor.

10 de agosto día de San Lorenzo, diácono y mártir  San Lorenzo, diácono y mártir  Iglesia. San Lorenzo vivió en el siglo...
11/08/2025

10 de agosto día de San Lorenzo, diácono y mártir San Lorenzo, diácono y mártir
Iglesia.
San Lorenzo vivió en el siglo III después de Cristo. Nacido en España en una época en la que los cristianos eran perseguidos, se convirtió en diácono de la Iglesia de Roma. Su vida estuvo marcada, antes de su martirio, por un generoso servicio a los más necesitados: administraba bienes y ofrendas para atender las necesidades de los pobres.
El edicto del emperador Valeriano
En el año 258 d.c. se promulgó el edicto del emperador Valeriano: todos los obispos, presbíteros y diáconos debían ser ejecutados. El Papa Sixto II, fue asesinado el 6 de agosto. En un principio, Lorenzo se salvó. Las autoridades querían obtener del diácono información sobre los bienes y propiedades de los cristianos. Lorenzo se presenta entonces con una multitud muy numerosa de pobres, lisiados y ciegos. Éstos -dice- son los tesoros de la Iglesia".
Martirio

El Fuego del Amor que Transforma el Servicio
nimos para reflexionar sobre la figura luminosa de San Lorenzo, diácono y mártir, cuya vida resplandece como un faro, su testimonio no es solo una historia del pasado, sino una llamada vibrante a vivir nuestro ministerio con la misma radicalidad del amor que él vivió.

San Lorenzo, en su tiempo, fue un hombre de acción, un servidor diligente de la comunidad, especialmente de los pobres y necesitados. Su rol como diácono implicaba una cercanía íntima con la realidad del pueblo, una gestión de los bienes de la Iglesia y, sobre todo, una caridad activa y desbordante. No era un mero administrador, sino un corazón que latía al unísono con el de Cristo, que se volcaba en los más vulnerables.
El martirio de San Lorenzo nos revela la cumbre de este servicio. Ante la cruel exigencia de entregar los tesoros de la Iglesia, él no presentó oro ni plata, sino que reunió a los verdaderos tesoros: los pobres, los enfermos, los marginados. Su respuesta, desarmante y profética, proclamó que la Iglesia no posee riquezas materiales, sino que su verdadero tesoro es la humanidad redimida, cada persona amada por Dios.

06/08/2025
Ya viene Pentecostés
26/05/2025

Ya viene Pentecostés

Vivamos en una vida nueva, COMO RESUCITADOS Felices Pascuas
20/04/2025

Vivamos en una vida nueva, COMO RESUCITADOS
Felices Pascuas

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