Teología para Principiantes

  • Home
  • Teología para Principiantes

Teología para Principiantes Un sitio donde aprenderás sobre Teología de forma clara y sencilla
(1)

Dios quiere perdonarte
02/01/2026

Dios quiere perdonarte

El libro de Jonás comienza con una orden clara y directa de Dios:“Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregon...
02/01/2026

El libro de Jonás comienza con una orden clara y directa de Dios:

“Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella…” (Jonás 1:2).

No había ambigüedad ni falta de claridad. Dios habló, y Jonás entendió perfectamente lo que debía hacer. Sin embargo, el profeta decidió huir en dirección opuesta:

“Pero Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis…”(Jonás 1:3).

Desde una perspectiva teológica, la desobediencia de Jonás no fue ignorancia, sino rebeldía consciente. No fue que no escuchó a Dios, sino que prefirió su propio criterio antes que la voluntad divina.

Esto revela una verdad incómoda: incluso los creyentes y siervos de Dios pueden resistirse a Su mandato cuando este confronta sus prejuicios, temores o comodidad.

Las consecuencias de esta desobediencia fueron inmediatas y severas. Jonás descendió física y espiritualmente: bajó a Jope, descendió al barco y finalmente fue arrojado al mar (Jonás 1:3,5,15).

La Escritura muestra cómo la desobediencia siempre produce un movimiento descendente, afectando no solo al desobediente, sino también a quienes lo rodean. La tormenta que Dios envió puso en peligro a marineros inocentes (Jonás 1:4–5).

Esto nos enseña que nuestro pecado nunca es privado; siempre tiene repercusiones comunitarias.
El clímax del juicio llega cuando Jonás es tragado por un gran pez (Jonás 1:17). Allí, en lo más profundo, Jonás experimenta las consecuencias extremas de huir de Dios.

En el capítulo 2, su oración revela un corazón quebrantado:

“Desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste” (Jonás 2:2).

Este momento es crucial: Dios no anuló las consecuencias de la desobediencia, pero tampoco retiró Su gracia. El pez fue tanto un instrumento de disciplina como de preservación. Vemos que la disciplina divina no busca destruir, sino restaurar.

La desobediencia llevó a Jonás al fondo, pero la gracia de Dios lo alcanzó incluso allí.

La historia de Jonás es un espejo para la iglesia contemporánea. Hoy, muchos creyentes escuchan la Palabra de Dios con claridad, pero eligen “Tarsis” en lugar de “Nínive”.

Desobedecemos cuando preferimos nuestra comodidad, nuestros planes, nuestras relaciones o incluso nuestros prejuicios antes que el mandato de Dios.

Cambiamos la obediencia por conveniencia, y luego nos sorprendemos cuando llegan tormentas a nuestra vida espiritual, familiar o ministerial.

La desobediencia a un mandato directo de Dios nunca es neutral. Puede que no siempre haya una tormenta literal, pero sí confusión espiritual, pérdida de gozo, estancamiento y daño a otros.

Sin embargo, Jonás también nos recuerda que, aun en nuestra rebeldía, Dios sigue llamando al arrepentimiento:

“Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan” (Jonás 2:8).

✝️La enseñanza final es clara: obedecer desde el inicio siempre será menos doloroso que aprender obediencia desde el fondo. Dios sigue siendo soberano, santo y misericordioso.

👉La pregunta para el cristiano hoy no es si Dios ha hablado, sino si estamos dispuestos a obedecer sin negociar Su voluntad.

02/01/2026

Vuelve hoy mismo a Dios

El gesto de Judas arrojando las treinta piezas de plata dentro del templo es profundamente trágico y teológicamente reve...
01/01/2026

El gesto de Judas arrojando las treinta piezas de plata dentro del templo es profundamente trágico y teológicamente revelador.

Judas reconoce el mal que hizo, confiesa que ha entregado sangre inocente y rechaza el dinero que antes consideró valioso. Sin embargo, su arrepentimiento no lo conduce al arrepentimiento que restaura, sino a la desesperación.

Judas devuelve el precio de la traición, pero no vuelve a Cristo. Rechaza las monedas, pero no se aferra al perdón.

Teológicamente, este episodio nos muestra que no todo remordimiento es arrepentimiento genuino. El remordimiento mira el pecado y sus consecuencias; el arrepentimiento bíblico mira a Dios y confía en su misericordia.

Judas reconoce su error, pero no cree que la gracia de Jesús sea suficiente también para él. Pedro negó a Cristo y lloró amargamente; Judas traicionó a Cristo y se hundió en la culpa. La diferencia no estuvo en la gravedad del pecado, sino en la dirección del corazón.

Esta escena también confronta a la iglesia de hoy. Es fácil señalar a Judas como el gran traidor de la historia, pero más difícil es mirarnos al espejo. Muchos cristianos condenan a Judas por vender a Jesús por treinta monedas, pero en la práctica cambian a Cristo por mucho menos: por horas frente al celular, por la aprobación de una persona, por una relación que desplaza a Dios, o por la comodidad de las cosas materiales.

No arrojamos monedas en el templo, pero entregamos nuestro tiempo, nuestra devoción y nuestra obediencia a otros “señores”.
Cada vez que Cristo deja de ser el centro y es reemplazado por algo creado, repetimos el acto de Judas, aunque con ropaje moderno.

La traición no siempre es pública ni dramática; muchas veces es silenciosa, cotidiana y socialmente aceptada. Jesús no es vendido por plata, sino desplazado por prioridades mal ordenadas.

Esta reflexión nos llama no solo a juzgar a Judas, sino a examinarnos. ¿Qué precio estamos aceptando hoy a cambio de nuestra fidelidad a Cristo?

La verdadera esperanza no está en tirar lo que nos estorba, sino en volvernos a Jesús con un corazón quebrantado y confiado, creyendo que su gracia es más fuerte que nuestro pecado.

01/01/2026

Ora por un bendecido 2026, para que encuentres fuerza en Dios para huir de las tentaciones, encontrar fuerzas en Él y le glorifiques en todo.

Agradece a Dios por este 2025 🙏
31/12/2025

Agradece a Dios por este 2025 🙏

Después de la resurrección, Pedro y algunos discípulos regresan a lo que conocían bien: la pesca (Jn 21:3). No es solo u...
31/12/2025

Después de la resurrección, Pedro y algunos discípulos regresan a lo que conocían bien: la pesca (Jn 21:3). No es solo una actividad económica; es un retorno simbólico a la vida anterior, a la seguridad de lo familiar.

Sin embargo, el texto es contundente: “y aquella noche no pescaron nada” (Jn 21:3). El esfuerzo fue real, el cansancio también, pero los resultados fueron nulos. La Escritura muestra así una verdad profunda: incluso lo que antes dominábamos pierde sentido cuando lo hacemos al margen del llamado de Cristo.

Es en medio del fracaso cuando Jesús se hace presente. No llega con reproches, sino con una pregunta sencilla y una instrucción concreta: “Echad la red a la derecha de la barca” (Jn 21:6). Humanamente, la orden parece inútil; ya lo habían intentado todo. Pero la obediencia abre la puerta al milagro. La red se llena no por la técnica, sino por la palabra del Señor. La diferencia no está en el esfuerzo, sino en quién dirige.

Teológicamente, el pasaje enseña que el llamado de Cristo no se abandona sin consecuencias espirituales. Cuando el discípulo intenta tomar el control de su vida, puede moverse, trabajar y esforzarse, pero sin fruto verdadero.

En cambio, cuando Jesús retoma el centro, cuando su voz es escuchada y obedecida, la esterilidad se transforma en abundancia. El Cristo resucitado sigue guiando a los suyos, recordándoles que la verdadera productividad del Reino nace de la comunión y la obediencia, no de la autosuficiencia.

✝️Juan 21 nos confronta con una pregunta silenciosa: 👉¿quién está dirigiendo nuestra barca? Porque solo cuando Jesús da la orden, la red vuelve a llenarse.

La felicidad pasajera no se compara con la felicidad Eterna que Cristo ofrece
31/12/2025

La felicidad pasajera no se compara con la felicidad Eterna que Cristo ofrece

31/12/2025

No hay amor más grande que el amor que Jesús tiene por ti ❤️

Leví estaba sentado donde siempre: en el banco de los tributos. No era un lugar neutro. Era el espacio de su pasado, de ...
30/12/2025

Leví estaba sentado donde siempre: en el banco de los tributos. No era un lugar neutro. Era el espacio de su pasado, de su oficio, de su identidad social.

Como cobrador de impuestos, Leví cargaba con el desprecio de su pueblo, la sospecha constante de corrupción y el estigma de colaborar con el poder opresor romano.

Desde la perspectiva religiosa y social, era un hombre marcado, difícilmente redimible, alguien que no encajaba en los márgenes de la piedad aceptable.

Y allí, precisamente allí, Jesús pasa. El texto es sobrio, pero profundamente radical. Jesús no le da un discurso, no le exige una confesión previa, no le impone condiciones. Solo una palabra: “Sígueme”. Sin embargo, esa palabra lo implica todo.

Seguir a Jesús significaba para Leví renunciar a una fuente segura de ingresos, abandonar una posición estable, dejar una vida construida aunque moralmente cuestionada para caminar hacia lo incierto. No era solo cambiar de ocupación; era romper con su pasado, con su reputación, con su seguridad.

El evangelio dice: “levantándose, le siguió” (Mr. 2:14). La sencillez de la frase no debe engañarnos. Levantarse implicó una ruptura real. El banco de los tributos no era un lugar al que uno podía regresar fácilmente después de abandonarlo.

A diferencia de otros llamados, Leví no podía volver atrás sin un alto costo. Su respuesta fue total, inmediata y costosa.

Teológicamente, este llamado revela que la gracia de Jesús no se acomoda a nuestras seguridades, sino que las confronta. Jesús no llama a Leví para mejorar un poco su vida, sino para transformarla por completo.

El discipulado comienza donde termina la autojustificación y donde se acepta que seguir a Cristo implica pérdida, renuncia y riesgo.

Este relato también nos confronta hoy. Vivimos en un tiempo donde muchos quieren a Jesús como acompañante, pero no como Señor; como salvador, pero no como aquel que redefine prioridades.

Queremos el consuelo del evangelio, pero no el costo del seguimiento. Admiramos el llamado de Leví, pero nos cuesta imitar su respuesta. Nos cuesta dejar hábitos, comodidades, relaciones, planes o estilos de vida que sabemos que no armonizan con el reino de Dios.

El llamado de Leví nos recuerda que seguir a Jesús siempre implica dejar algo atrás. No porque Jesús disfrute de nuestra pérdida, sino porque no se puede caminar hacia el reino aferrados a lo que nos ata al viejo orden.

Leví entendió que la voz que lo llamaba valía más que la mesa que lo sostenía.

🙌✝️Hoy, la pregunta permanece abierta:

✅¿qué banco seguimos ocupando cuando Jesús nos dice “sígueme”?

✅¿Y qué estamos dispuestos o no a sacrificar para responder a su llamado?

Cristo murió por ti ❤️
30/12/2025

Cristo murió por ti ❤️

📖 “Fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió” (Génesis 5:5)Novecientos treinta años no son ...
30/12/2025

📖 “Fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió” (Génesis 5:5)

Novecientos treinta años no son solo una cifra; son una vida entera marcada por una decisión. Adán conoció a Dios como nadie más: caminó con Él, escuchó Su voz, vivió en perfecta comunión. El Edén no era solo un lugar, era plenitud.

Pero un día, todo se quebró. La expulsión del huerto fue más que salir de un jardín; fue aprender a vivir con la ausencia de una cercanía que una vez fue diaria. Cada amanecer, cada gota de sudor, cada espina en la tierra maldita debió recordarle lo que había perdido. Vivir tantos años fuera del Edén fue, sin duda, una carga constante sobre su alma.

Adán vio cómo el pecado crecía: la muerte de Abel, la dureza de Caín, la corrupción del mundo. Y con el paso de los siglos, tal vez el peso más grande no fue el cansancio del cuerpo, sino la nostalgia espiritual: haber estado tan cerca de Dios y pasar tantos años lejos de esa plenitud.

Y esta historia nos confronta hoy. Hay personas que también viven muchos años, pero lejos de Dios. Personas que conocieron Su presencia, pero por decisiones no resueltas aprendieron a vivir fuera del “huerto” espiritual.

No es una muerte rápida, sino lenta: años de sequía interior, de rutina sin comunión, de fe sin gozo. La tragedia no es vivir poco, sino vivir mucho tiempo lejos de Dios.

Adán perdió el Edén en un día, pero cargó sus consecuencias por siglos. Nosotros, en cambio, tenemos esperanza: Cristo, el segundo Adán, vino a restaurar lo que el primero perdió (Romanos 5:12–19).

Hoy aún es tiempo. No dejes que los años pasen lejos de Dios. No normalices una vida sin Su presencia.

👉 No vivas una larga vida lejos de Dios, cuando puedes vivir una vida plena cerca de Él.

Address


Opening Hours

Monday 08:30 - 19:00
Tuesday 08:30 - 19:00
Wednesday 08:30 - 19:00
Thursday 08:30 - 19:00
Friday 08:30 - 19:00
Saturday 08:30 - 18:00

Website

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when Teología para Principiantes posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The Business

Send a message to Teología para Principiantes:

  • Want your business to be the top-listed Media Company?

Share